viernes, 23 de julio de 2010

Tópicos para el fortalecimiento de una cultura de diálogo y participación democrática
Por: Rodrigo Arce Rojas
[1]

Una condición fundamental para participar efectivamente en un proceso de diálogo y concertación es la predisposición para revisar tus paradigmas, creencias y valores. Si tú ingresas prejuiciado entonces vas a pensar, sentir, hablar y actuar en función de tus propias ideas preconcebidas y eso te bloqueará los sentidos o provocará que ajustes a la realidad a la propia realidad que tú quieres ver. Obviamente una actitud de esta naturaleza no favorece una genuina participación ni un diálogo auténtico porque son tus propios filtros los que actúan selectivamente para ver o escuchar sólo lo que tú estás queriendo ver o escuchar.

Una actitud cerrada o entubada a la luz de tus prejuicios no contribuye a la calidad de los procesos participativos. Entonces tus juicios derivan en el gran sancionador universal, todo lo que digan o hagan los demás, que no coincidan con el cristal con el que estás mirando la realidad, será objeto implacable de tu descalificación y de tus sanciones. No te importa el impacto que causas con tus atrevidas, y a veces irresponsables, afirmaciones a ti sólo te interesa mantener tu propio y precario equilibrio.

Desde la Programación Neuro Lingüística hemos aprendido la importancia del lenguaje en la construcción de nuestros patrones de comportamiento. En buena cuenta, mediante nuestro lenguaje nosotros vamos construyendo y definiendo nuestro destino. El cerebro no entra en dubitaciones, si lo alimentas con amplitud de criterio entonces ésa es la respuesta que obtienes, si lo alimentas con animadversión eso mismo es lo que cosechas. Es como una especie de eco, te devuelve lo que tú le das. Por tal razón tus palabras derivan en auto profecías. Tú mismo creas la realidad y luego te permite decir: “no ven, yo se los había advertido”.

De Echevarría (1994) hemos aprendido que el lenguaje no sólo nos permite hablar "sobre" las cosas: hace que ellas sucedan. Por lo tanto, el lenguaje es acción, es generativo: crea realidades. Este elemento es de fundamental importancia en los procesos de diálogo porque nos remite a la necesaria búsqueda de objetividad y sensatez en nuestras intervenciones. No es pues que yo opino libremente como me da la gana sino que se necesitan opiniones responsables que ayuden a construir y no a destruir.

Todo proceso de participación necesita una buena dosis de responsabilidad, predisposición para escuchar y entender las otras realidades que están viviendo cada actor y no adelantar juicios a luz de lo que nosotros pensamos el cómo deberían ser las cosas. El diálogo, como se ha señalado repetidas veces implica predisposición a encontrarse, capacidad de interaprendizaje y voluntad para remover concepciones si el proceso deliberativo abre nuevas perspectivas y posibilidades.

Avanzar en una cultura de diálogo y participación requiere el ejercicio responsable del uso de la palabra. Convertirnos en los jueces universales de las ideas de los otros no ayuda a avanzar a contextos dialógicos y de fortalecimiento democrático. Sospechar es parte del ejercicio filosófico pero sospechar también puede ser una proyección de nuestras propias inseguridades, intereses o proyecciones. De cada uno de nosotros depende que avancemos firme hacia una cultura de la confianza y el consenso. Es parte del capital social que nos corresponde construir para dar pasos firmes hacia el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática.

Literatura citada:
Echeverría, Rafael (1994). Ontología del lenguaje, Dolmen Ediciones

[1] Ingeniero Forestal. rarcerojas@yahoo.es

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