Madre de Dios, el oro y el desmadre de la naturaleza
Escribe: Roger Rumrrill (*)Entre los kilómetros 103 y 115 de la carretera Interoceánica, en Madre de Dios, el paisaje es de pesadilla a ambos lados de la vía. Decenas y centenares de chozas miserables, nadando sobre charcos contaminados y nauseabundos, ofertan con letreros pintados a la paporreta desde comida, medicamentos, alojamiento, arreglo de motos y carros, venta de ropa, hasta placeres sexuales y todo lo que el consumismo más perverso y desenfrenado pueda ofrecer.
Es la imagen del caos, de la destrucción, del desmadre de la madre naturaleza saqueada, violada y destruida por la extracción de la minería aurífera en el llamado “Corredor Minero” y en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata-Candamo.
Nada detiene a los extractores informales e ilegales del metal precioso.
-Este año ya se han producido invasiones en el aeropuerto “Padre Aldamiz” de Puerto Maldonado que es el único aeropuerto del mundo construido con oro. En cualquier momento empiezan a picarlo para sacar el oro-, me dice un amigo madrediosense con un tono de preocupación.
El oro es un metal asociado siempre a la divinidad, a lo sagrado, desde la aurora de la historia humana. Sin embargo, su extracción, su venta, su comercio, están también relacionados con la destrucción de la naturaleza, la violencia y la tragedia. Es el caso de Madre de Dios donde la actividad aurífera tiene más de medio siglo y sus secuelas e impactos, más que benéficos en términos sociales y económicos, son inmensas e incurables heridas ambientales. El desastre ecológico de Huaypetue y el cataclismo actual de “Huacamayo” y “Delta” son las muestras de que el oro es también el “excremento del diablo”.
Para miles de peruanos pobres el oro de Madre de Dios es una quimera, una ilusión, y un negocio redondo y suculento para las medianas y grandes empresas que explotan a estos miles de pobres. El desorden, la ilegalidad e informalidad que ahora reinan en la actividad minera tienen sin duda también un responsable en un Estado ineficiente y corrupto que en el reciente pasado ha sido incapaz de regular, de ordenar y de formalizar la extracción, la comercializacion y la transformación de este oro aluvial que ha descendido a lo largo de los siglos de las cumbres cordilleranas de Ananea.
El oro es también como un antídoto del veneno de la crisis económica mundial, una especie de seguro y garantía frente a la incertidumbre de los mercados. Por eso su precio sigue subiendo y hay indicios de que el año 2011 podría cerrar con la onza de oro a 2000 dólares. Estos altos precios explican Conga y el terremoto político que ha provocado y el Apocalipsis ecológico que amenaza Madre de Dios, la “Capital de la Biodiversidad”.
Pero felizmente no todo es irremediable. Es preciso y urgente que todo el Estado intervenga en Madre de Dios para frenar el caos social, la agonía y la muerte de la naturaleza. Que el Estado y el gobierno no pongan todos los huevos de la inversión sólo en la canasta de la minería y el extractivismo.
La economía del futuro es una economía verde. El oro verde sostenible y renovable frente al oro amarillo no renovable e insostenible
(*) Articulo publicado en el Diario La Primera el 15-12-2011
1 comentarios:
Triste realidad, una pena que un tan bello lugar como madre de dios este siendo tan gravemente dañado. Esperemos que nuestras autoridades tomen cartas en el asunto,
Publicar un comentario en la entrada